La guerra de los contables

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Pasan los días y prosigo sin saber qué y quiénes son Ucrania. Cada día y en todo momento nos reportan sobre la vergüenza del siglo XXI, más que nada la de Europa, pero prosigo sin comprender que una parte de la raza humana es asediada.

Ni una palabra, ni un comentario, ni tan únicamente una imagen ilustrativa de lo que se está devastando. ¿Quiénes son las víctimas? Ni una referencia a sus consagrados paisanos, a sus maravillas artísticas o a su patrimonio histórico-arquitectónico, nada sobre sus héroes ni sobre sus científicos, pensadores, escritores, músicos o atletas recordables. Nada. Ucrania no posee pasado, no tiene tradición ni Historia.

Ucrania según los investigadores mediáticos son solo números y cómputos. Importación, exportación y una localización maldita. Es lo que piensa tener que subsistir entre 2 aguas en el momento en que las dos riberas están contaminadas. La putrefacción del dinero. Tanto tienes tanto vales. No hay mucho más en esta patraña.

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Nos encontramos asistiendo a una guerra de calculadora. Adoptamos resoluciones en función de nuestros intereses ¿Granero o energía? ¿Cercanía o distancia? ¿Cultura o seguridad? Ni solo una palabra sobre identidad, tradición o soberanía. Todo eso nos es igual. Son cuestiones que no afectan a nuestra economía o eso suponemos.

Es verdad que nos afanamos en contar, pero no fallecidos ni víctimas sino más bien las perdidas en la bolsa, el aumento de la inflación y la mucho más que posible recesión. Es igual si por una resolución injusta desaparece un pueblo y una nación, lo que verdaderamente nos importa es cuánto vamos a pagar por el pan, la luz o el gas. Solo eso importa o solo eso nos especifican los relatores de la guerra.

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¿Va a poder Rusia aguantar el coste de la invasión? ¿Financiará China la guerra putiniana o apostará por sostener su cómputo comercial con Europa? ¿Van a apoyar los oligarcas al autócrata invasor o defenderán sus fortunas personales? ¿Aceptará Europa una crisis energética? ¿Qué provecho conseguirán los americanos? Dinero, dinero, dinero. No hay mucho más.

Con sinceridad, pienso que ningún ciudadano ucraniano ni ruso quieren ni aprueban está guerra de contables, intuyo que los paisanos se admiten y respetan entre sí, pero como víctimas anónimas no pertenecen a la enorme contabilidad globalizada y su opinión no cuenta para nada, y bastante menos para el llamado Enorme Mercado En todo el mundo.

Desde hace unos días me hago una pregunta ¿Qué es y qué es lo que significa España? ¿Cuánto vale su Historia, su tradición, su cultura y sus ciudadanos? ¿Qué nos hace distintas de los ucranianos frente a una hipotética invasión? ¿Nos van a ver como un pueblo y una nación con derechos y libertades o sencillamente calcularán nuestra producción, nuestro consumo, nuestro cómputo comercial o nuestra localización geoestratégica…?

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Desde hace unos días no me siento como un ciudadano, solo me creo un número mucho más a cargo de los contables, como el día de hoy puede sentirse cualquier originario ucraniano o ruso.

La contabilidad es fría y también insuperable y todo vale tratándose de equilibrar los cómputos. En mi previo producto ‘Chernobil, una cuestión nuclear’ anticipé que antes o después llegaría la hora del temor global. El día de hoy lamentablemente ahora conocemos su nombre: planta de energía nuclear de Zaporiyia.

Créanme si les digo que, lamentablemente, no alcanzo a imaginar algo mucho más mortal que una guerra de contables…

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