La «fortaleza rusa» de Putin se tambalea bajo el peso de las sanciones de todo el mundo

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Alexander debió volar hasta Estambul para salir de Rusia circunvalando el cierre del espacio aéreo europeo, entre las sendas escogida por cientos de sus compatriotas para dejar el país frente a la tormenta que las sanciones de todo el mundo han desencadenado sobre la economía rusa. Ciertos artículos comienzan a escasear en las tiendas; otros han incrementado hasta un 30% de precio; y en los cajeros se suceden las colas para sacar el máximo autorizado en divisa extranjera frente al derrumbe del rublo. «Varios rusos están bajo un colosal agobio. Es horrible lo que sucede en Ucrania. Hemos comprendido que nos nos encontramos quedando sin futuro», afirma este treintañero moscovita. «Hay comentarios de que podrían cerrar las fronteras rusas a los hombres y obligar a ciertos a alistarse. Todo es tan impredecible que no he amado exponerme», confiesa desde Estambul.

En contraste a sus ciudadanos, el régimen de Vladímir Putin llevaba desde 2014 preparándose para este instante. Aquel año han comenzado a llover las sanciones contra Moscú por su anexión ilegal de la península ucraniana de Crimea y, desde ese momento, el Kremlin intentó de inocularse en frente de un hipotético ámbito de ‘guerra económica’ como el que en este momento encara. Basculó hacia a Oriente para achicar su dependencia de Occidente y soltó varios de los nudos que le anudan a la globalización. Redujo sus reservas en dólares americanos, penalizó las importaciones con superiores aranceles, minimizó su deuda externa y creó un sistema alterno al Swift para las transacciones bancarias de todo el mundo. 

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Pero más que nada se dedicó a engordar las reservas de percibes de su banco central con un chaleco antibalas de 630.000 millones de dólares americanos, el semejante a una tercer parte de su economía, pensado para resguardar al rublo de potenciales asaltos. A esa estrategia le puso un nombre, «Fortaleza rusa«, exactamente la misma fortaleza que se venido abajo estos días con una asombrosa sencillez. «En menos de un par de semanas, la guerra de Putin ha catapultado a Rusia a los escenarios de aislamiento económico de la era soviética«, escribía esta semana el exasesor del Tesoro estadounidense y especialista en sanciones Bryan O’Tool. «Y eso va a conducir al pueblo ruso al desastre«.

Un castigo económico sin solamente precedentes

Todo ha ocurrido con una gran velocidad, conforme los bombardeos del Kremlin vapuleaban las ciudades ucranianas. Las sanciones fueron cerrando prácticamente todas las vías de comunicación entre el sistema de finanzas ruso y el resto de todo el mundo. Tanto las adoptadas por la treintena de gobiernos que han seguido hasta la actualidad la pauta marcada desde Washington, Bruselas y Londres, como por el ámbito privado. El transporte de mercancías rusas ha perdido sus empresas aseguradoras, Visa y Mastercard dejaron de procesar las compras de sus ciudadanos en el extranjero y el banco central vió como cuando menos la mitad de su reserva de percibes quedaba congelada fuera de sus fronteras. 

Las secuelas de semejantes desajustes arrecian en cascada. El rublo ha perdido la mitad de su valor en oposición al dólar desde el principio de la invasión. La bolsa de Moscú transporta días clausurada para eludir la desbanda de los inversores. La treintena de enormes compañías rusas cotizadas en Londres perdieron mucho más del 90% de su valor. Los géneros de interés se han doblado hasta el 20% y la deuda rusa quedó achicada a bono basura. «Muchas de las sanciones son una parte del menú frecuente, lo distinto en esta ocasión es la velocidad con que se han impuesto, la cohesión entre los países que las han aplicado y las dimensiones económicas del país sancionado», asegura a este períodico Richard Nephew, entre los arquitectos de las sanciones estadounidenses contra Van a ir. «Nada de eso tiene precedentes desde el bulto de sanciones impuesto a Irak en 1990 con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU». 

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Los investigadores adivinan que la economía rusa perderá este año cerca del 10% de su PIB y, según el Banco Mundial, se está aproximando a peligrosamente a un ámbito de suspensión de pagos como el que vivió a lo largo de la crisis de 1998. Exactamente la misma que se llevó por enfrente los ahorros de millones de rusos. «Mi salario se ha desvalorizado de enorme manera en solamente un par de semanas. Y con la salida de las compañías internacionales de Rusia muchas personas se quedará sin trabajo. La situación es muy alarmante», afirma Alexander desde su exilio temporal en Turquía, del que no sabe cuándo va a poder regresar a su país.

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El país mucho más sancionado de todo el mundo

Cuantitativamente Rusia ya es el país mucho más sancionado de todo el mundo, sobre Corea del Norte y también Van a ir, según la asesora Castellum.Al. «Las asoladoras sanciones contra Van a ir se adoptaron en un período de 10 años. Exactamente el mismo género de sanciones contra Rusia se han establecido en solo 10 días», dijo su directivo, Spencer Vuksic. No cabe duda de que el coste para la sociedad rusa va a ser monumental. La cuestión es esas sanciones servirán para lograr el propósito que se han marcado: parar la guerra en Ucrania. Días tras la invasión, la popularidad de Putin se disparaba hasta el 70%, según una encuesta de la compañía estatal VTsIOM. Nada bastante asombroso sabiendo de qué forma la publicidad oficial ha blanqueado la ofensiva o la férrea censura informativa que domina en el país

«En la Suráfrica del apartheid o en la Libia de 2003 las sanciones sirvieron para cambiar el accionar de sus regímenes», afirma Nephew, creador del libro ‘The Art of Sanctions’. «En esta ocasión posiblemente contribuyan a frenar la guerra, pero probablemente no lograran detenerla por sí mismas». Nephew admite que, entre medio, podrían acentuar la agresividad del Kremlin. Tanto en el campo de guerra como en la esfera económica. Cartas en la manga, todavía le quedan. Desde cerrar el grifo de gas a Europa a expropiar los negocios en Rusia de las internacionales que abandonan el país, una oportunidad que Putin ahora ha aireado públicamente.

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