¿Es viable un cambio en Moscú?

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Esta es quizás la enorme pregunta sin contestación de estos días. Esa guerra relámpago, donde se depondría al Gobierno ucraniano y se implantara otro similar a Moscú que dejara supervisar al país, no sucedió. Zelenski resiste en Kiev/Kyiv y semeja que la invasión, según los investigadores occidentales, no va según los proyectos del Kremlin.

No obstante, día a día se puede ver de qué forma el mapa de Ucrania va mudando de color en las ubicaciones del Donbás y en la costa del mar Negro. Asimismo se ven adelantos de tropas rusas en Kharkiv/ Járkov, y la ciudad más importante ahora se prepara para el asedio. Mientras que, se negocia en Belovezhskaya Pushcha y las sanciones empiezan a llevar a cabo efecto. Todo bastante retardado para la población ucraniana, que sufre los asaltos y escapa del país.

La estrategia occidental semeja que apuesta por estancar la existencia de las tropas rusas en Ucrania, de ahí la resolución del envío de armas al ejército ucraniano y la aprobación de sanciones que ahoguen a Rusia y la hagan retroceder en sus situaciones. La iniciativa es que Ucrania resista para lograr negociar en mejores condiciones en el momento en que Rusia, extenuada, no logre mucho más o ‘algo’ cambie en el Gobierno del Kremlin. A esta altura, todo el planeta coincide en que solo Putin tiene en sus manos el objetivo de la guerra, por consiguiente, solo desde en el régimen se podrían cambiar las cosas. Pero, ¿es esto verdadera?

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A fin de que haya un cambio de liderazgo y/o de régimen hay 2 opciones, la vía revolucionaria y la del golpe palaciego. La situación a la que se desea llegar es a un Putin contra las cuerdas en el exterior que procuraría afianzar su régimen por todos y cada uno de los medios y, como en todos y cada uno de los regímenes déspotas, esto se materializaría mediante la restricción de libertades, opresión y publicidad.

El aislamiento cerca de lo que ocurre fuera de Rusia y la percepción de rusofobia por la parte de la ciudadanía en los campos económico, deportivo, cultural, asimismo fortalecería la situación de Putin, que tendría margen para vender la imagen de una Rusia atacada y de esta forma promover, aún mucho más, la victimización del pueblo ruso. Es esencial rememorar que el centro de opinión pública Levada, proclamado como agente extranjero por el Kremlin en 2016, ofrecía unos escenarios de acompañamiento a Putin antes de la invasión del 71%, cerca de 12 puntos mucho más que en 2020. Pese a las manifestaciones que se ven en los últimos días contra la invasión es esencial rememorar que estas se encuentran en las enormes urbes, esto es, en centros urbanos y cosmopolitas, no en el resto del territorio.

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Los regímenes autocráticos se fortalecen en frente de sus críticas públicas en instantes de crisis, en especial si estas se vinculan a una amenaza exterior. Y la mayor parte de la ciudadanía rusa transporta tiempo oyendo y comprando este alegato. El cierre de los medios no similares al Gobierno, tal como todas y cada una de las comunidades, dejan poquísimo margen para hilar redes que sean suficientemente poderosos para articular un movimiento de queja suficientemente fuerte para llevar a cabo tambalearse al régimen. En estas situaciones, no semeja muy posible una vía revolucionaria.

La opción alternativa sería un golpe palaciego, algo que tampoco se ha descartado y es, quizás, mucho más posible. Las sanciones impuestas a la red de oligarcas y sus fortunas procuran hallar el sitio a través del que abrir una grieta que deje un cambio de liderazgo. Teóricamente, estos oligarcas preocupados por el devenir de sus fortunas, tejidas al amparo del líder y de las complicidades occidentales, podrían llegar a procurar alguna maniobra para bien seducir, bien para deponer al presidente. Pero, precaución, no se estaría a las puertas de un cambio de régimen, algo que no atrae ni a los oligarcas ni a sus asociados occidentales, sino más bien a la continuidad del ahora que existe o quizás uno peor, mucho más conservador y ultranacionalista que el presente.

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Las perspectivas son, por consiguiente, desalentadoras. Ni el frente se prevé nada bueno, ni tampoco en la retaguardia rusa. Los que mucho más pierden, en alguno de los niveles, los ucranianos y rusos de caminando.

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